sábado, 4 de abril de 2009

Moda sencilla, arte concreto por Román

Vuitton
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ungaro
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ysl
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lanvin
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chia
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Martin Kobe
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Moda simple, arte concreto
Cualquier planteamiento estético hegemónico durante una época encuentra tarde o temprano una antítesis. Al exceso barroco siguió el sencillo neoclásico; al minimalismo siguió el maximalismo, los estilos siempre se suceden en un lazo de Moebius que nunca tiene fin.
Ahora además, en nuestro vertiginoso siglo XXI, los estilos se solapan. Es frecuente que planteamientos plásticos antitéticos sean coetáneos. En la moda del próximo invierno, las propuestas coloristas de Marc Jacobs para Louis Vuitton o Esteban Cortázar para Ungaro, convivirán junto a la simple estética gris de Stefano Pilati para Yves Saint Laurent o Alber Elbaz para Lanvin. Ambas posibilidades estéticas recogen tendencias vigentes y al hartazgo del monocromo negro se podrá oponer la fantasía de lazos, gasas y estampados arco iris, sin salirse del estilo en vogue.
En el arte, encontramos también interesantes ejemplos de escuelas o estilos que aparecen como respetuosas alternancias a corrientes principales. Desde los años ochenta, asistimos con la Transvanguardia primero y con la escuela de Leipzig después, a la recuperación de la pintura figurativa frente a la masiva producción de abstractos, minimales y otros conceptualismos.
Frente al yermo panorama dibujado en los años sesenta por el arte Povera en Italia, un grupo de artistas a finales de los setenta, espoleados por Achille Bonito Oliva recuperaron la alegría de vivir y tomaron inspiración en los temas clásicos mitológicos o en la visión poética del entorno para elaborar un universo colorista, figurativo y lúdico. Entre los artistas que formaron parte del movimiento se encuentran Sandro Chia, Francesco Clemente, Enzo Cucchi, Nicola de María y Mimmo Paladino. La reacción que produjeron en el universo del arte en los ochenta fue incendiaria, tanto como la que asestó al buen gusto, el coetáneo movimiento Memphis en diseño industrial.
Una década después el ámbito del arte, mediatizado por manifestaciones en ocasiones inquietantes, apoyadas en las nuevas tecnologías, las cuestiones de género y el neoconceptual, se vio raptado lo mismo que Europa en el clasicismo, por la escuela de Leipzig. Este movimiento que tácitamente reivindica el arte de la pintura y el oficio, no es en cambio reaccionario y las propuestas que platean los que se pueden llamar miembros de esta escuela, Arno Rink, David Schnell, Martin Kobe, Neo Rauch, Christoph Ruckhäberle, Stephanie Dost, y Tim Eitel, son novedosas, poéticas y futuras.
Una exposición en el Museo Da2 de Salamanca trae a España la pintura figurativa y abstraccionista al tiempo de Martin Kobe, uno de los miembros de la nueva escuela de Leipzig.
En sus cuadros combina planos yuxtapuestos para crear una sensación de vértigo y realidad expandida. Retrata edificios que parecen escaleras infinitas o salones donde desaparece la fuerza de la gravedad y todo parece flotar. Es muy recomendable ver el buen oficio que aplica a su pintura fantástica y compararla con el conceptualismo que nos inunda. Hoy todo es posible, el rojo con el negro y el abstracto con el concreto.
Román Padín Otero
He publicado hoy en El Correo Gallego este artículo sobre las posibilidades de la moda en exceso o simplicidad el próximo otoño, poniéndolo en relación con el arte figurativo que se inició en los ochenta con la Transvanguardia italiana y que se ha revisitado con la escuela almena de Leipzig. En el panorama de la creación contemporanea hay artistas como estos y otros que nadie sabe que son, quizá clientes del bar de mutantes de la guerra de las galaxias.Román